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viernes, 13 de mayo de 2011

cal y arena



Fecha: viernes 6 de Mayo de 2011
Lugar: Bluzz Live
Bandas: Las Membranas, Rockadictos


Este post debe empezar sin rodeos: Las Membranas es una pésima banda. Estábamos afuera felices por la llegada del frío a la ciudad, fumando y hablando de la historia de la lucha independista del pueblo vasco, cuando arrancó. Nada de lo que se escuchó desde afuera resultó lo suficientemente atractivo como para hacernos entrar rápidamente. Uno, dos, tres temas, nada. Escuchamos una versión de Gloria, canción escrita originalmente por el  hombre de Irlanda del Norte, Van Morrison, pero que entre nos. punkis se hizo conocida por Patti Smith en Land, que mezcla ese estribillo, una canción de los Gories, Land of a thousand dances, y la letra de un poema propio: Jesus died for somebody´s sins but not mine. Keremos tanto a Patti.
En la puerta, Markitos hacía de kara de perro e iba juntando billetes de a cien mientras le relucía un colmillo. No sé ke mierda hacían ahí, si ahora Motosierra tomó poder en Bluzz, porque el otro, el bajista Leíto hacía las veces de plomo y acomodaba micros y parlantes para las bandas de la fecha.

Sákenme de aká
En el escenario, cuatro tipos con remeras rojas y una especie de casco que asemejaba la cabeza del monstruo deforme del señor de los anillos – perdón, no soy tan friki -. La remera tenía un buen dibujo, similar a un poster de Rodchenko, un tipo con un puño en alto y una frase que decía algo parecido a kamarada hey!, frase que acto seguido, la banda enarbola cual grito de guerra, ¿estaremos frente a soviéticos ramoneros? ¿será eso posible?. Tema tras tema, la banda se encargó de destruir cualquier tipo de ilusión creada. Resultó sonando como una especie de metal extraño, con un guitarrista peludo que peludeaba y un cantante duro que no podía mantener el control de su cara ni de su pelvis. Ambas se movían desencajadas de la música, sobretodo en un tema ya visto que le anunciaba a alguien que le iba a chupar la concha. Se rescataron un bajista y un batero esforzados que fueron derechito durante todo el toke, hacían unos temas horribles pero le metieron un poco de onda. Al final, el cantante enano largó la guitarra y bajó del escenario en busca del público, que al verlo retrocedió un paso. El flaco, cual Iggy Pop del subdesarrollo y luego de alguna enfermedad grave e irrecuperable, montó un show patético y aburrido. Ese tío estaba muy enamorado de sí mismo, anunció la vasca, dando justo en el clavo.

Redención rockabilly
La última vez ke había visto a Rockadictos me había aburrido un poco. Habían hecho demasiada apología de su gusto por ese rock bluesero y motokero, con el que ciertas cosas del rockabilly a veces se tocan. Debo reconocer que ésta estuvo muchísimo mejor. Prestando un poco de atención me deleité con el manejo de la guitarra del Chucho, que la hace de goma en lo suyo y que toca sin esfuerzo, como jugando de memoria. El bajista llevando el ritmo mucho mejor de lo que lo hacía el batero. Y en esto quiero detenerme un instante. Es un tema ke me preocupa realmente. No entiendo porque los bateros siempre están tan concentrados en parecer una mákina, lo entiendo si uno toca temas de Kraftwerk o en alguna pésima banda metalera – desde este blog instamos a revivir la vieja batallita del punk vs. metal ke supo entretener a tantos de los jóvenes uruguayos de los 80-90 – Entonces, ¿porque no llevar la bata con un pokito más de gracia?, demorando el golpe ese instante que hace todo mucho más ameno, sobretodo en el rockabilly que es esencialmente una música hecha pa bailar.
Esta banda hizo valer la lágrima dejada en la boletería. Los Rudos no tocaron porque su bajista, Leo, está con algún problema de salud medio heavy, por lo que el Peyo tocó un par de temas de Jhonny Cash con los Rockadictos, y confirmó lo ke algunos de los integrantes de este blog le repetimos hasta el cansancio: arrancá pal rockabilly guacho!
En fin, sobre la locomotora de Folsom Prison nos fuimos bailando entre la menuda concurrencia de un local semi desierto.
Alguien me dijo esta semana que ya no pagaba ni un puto peso más por ver una banda uruguaya. Un buen consejo, después de todo.


laV.

sábado, 2 de abril de 2011

yanki yorugua


Lugar: Solitario Juan
Fecha: Miércoles 30 de Marzo
Banda: Rockadictos

Hay una especie de inquietud generalizada en todo toke en esta ciudad que hace que los concurrentes no puedan quedarse quietos. Y eso no significa que bailen. Es más bien un nervio pulsante, una constante calesita borracha entrando y saliendo del boliche, para fumar, para comprar alcohol en el iberpark amigo más cercano (después de una primera cerveza a noventa pesos no hay bolsillo ni corazón que aguante), para observar a todos los otros que están afuera, más o menos en la misma. El miércoles lo que nos expulsaba eran los cambios en el repertorio. Veníamos bien con el rockabilly, derechito, con el redoblante sonando como un tren en marcha, y de repente, una canción de Pappo. qué necesidad. Ese rocanrol lentón, cansino y gordo me aburre en demasía. Ahí pa afuera. Esquizofrénicamente empezaban a tocar "Rock this town" (si, el rockabilly tiene un gran drama con usar la palabra "rock" en todas las putas oportunidades posibles) de los Stray Cats y volvemos y bailamos. El trío la lleva bastante bien, tienen unos cuantos años tocando, saben cómo tienen que tocar para que suene lindo, aunque a mi colega nocturno le parece que tocan muy lento, sobre todo el bajista, el Sapo. Según me decía mientras simulaba tocar un contrabajo imaginario, prefiere que este instrumento suene como que fuera de percusión, como toca el de Reverend Horton Heat, más parecido a las bandas de psicobilly. A mi me agrada la pachorra yorugua de esta banda, tal vez porque "los años no vienen sordos" como anunció Aliosha.
Alrededor, el submundo rockabilly local se mostraba más bien aburrido. Muchas chicas preocupadas por sus tacos y por acercarse a mamársela a Markitos, EL hombre de la farándula local que escuchaba a la banda desde la barra. El resto del público jetea, mira su peinado, cuida su reflejo. Jack Daniels en vitrinas y remeras. En las paredes del antiguo pool rodó hay ahora miles de referencias a lo más superficial y consumista de la cultura yanki. Carteles de Ford, de Chrysler, uno que tiene dos pistolas cruzadas de no sé se sabe bien qué, como salido de la guerra de secesion o de la época de la ley seca. 
La banda demora entre tema y tema y la espera aquieta los ánimos. En eso los punkis la tienen clara - como en muchas tantas otras, eh-, hay que tocar todo seguidito, como los Ramones y no dar respiro. El toke se diluye y se termina sin pena ni gloria. Igual, salvó la cabeza de un miércoles de noche.