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domingo, 11 de septiembre de 2011

nostalgia que no se celebra

Fecha: 24 de Agosto, 2011
Bandas: Fuxia Spandex
Lugar: La Diaria 

24 de agosto. me siento mal por candela. hace dos días no aparece. un paìs espera. las siete inteligencias no alcanzan para entender qué monstruo podría haber cometer semejante aberración: secuestrar a la chiquita de un político mercenario y fascista. 


Me hubiera gustado ver a Fuxia Spandex. creía en su espectáculo. Por rumores de callejón. Souvenires de callejas, en fin, me enteré de que era una banda que se especializa en  revivir viejos clásicos que estaban olvidados y pasarlos a un formato moderno y ruidoso al rugir de sus tres guitarras. y qué cosa mejor que verlos una noche de la nostalgia, venían como pastilla al dedo. La idea de ver a esa banda en la noche más bailada del año. Bailada por policías, por conductores de cafés versátiles, por la pareja apolillada y con hongos que desahoga todo un año de aguantar el dedo negro en unas pocas horas en el maroñas, prado club, coyote, y miles de etcéteras.


los tres mocosos


como todos los 24 marchar con cincuenta o sesenta personas más por los vascos, cada año se va haciendo más familiar la cosa. luego de las proclamas y el beso en la mejilla de las tías irma y norma, nos vamos contentos a la fiesta intima, sólo para familiares, en afhi. 
Las calles se iban sucediendo unas a otras mientras recordábamos cuando éramos jóvenes. y valerosos.  Entonces ya no había más miedo. Lo peor había pasado. la sangre de verónika brotaba de cuando en cuando. la conversación se desarrollaba como siempre, como plagios de libros, películas, discos, bandas nuevas, bandas viejas.

no hay solución

Me hubiera quedado leyendo los lanzallamas, me hubiera quedado leyendo esa parte que decía instalaremos un laboratorio químico. En este laboratorio el alumno revolucionario aprenderá la elaboración de gases, fosgeno en especial, fabricación de bombas de gases, granadas de mano. Aprenderá también fabricación de explosivos, aunque éstos, por su fácil adquisición, no merecen mayor atención. Lo importante para nosotros es formar comunistas con práctica positiva de infantería, artillería y guerra química. Nosotros tendemos a la eliminación absoluta del revolucionario sentimental. El sentimentalismo no nos interesa. Se los dejamos a los socialistas que son tan bestias que aún después de la experiencia de la Guerra Europea siguen creyendo en la democracia y la evolución.
-         y el dinero?
-         ahí está. El dienero lo proporcionarán los prostíbulos.
-         es una barbaridad.

Pero me fui a celebrar la noche del nostálgico bicentenario, la noche en que seguía conmocionado el mundo por la reciente desaparición de la niña del millón, la de donde está elisa. Cómo arman buya por un secuestro, dice mi hermano entre dientes y claramente insensible frente a las atrocidades. 

agitando una más

Fuxia tocó. Vi un tema, el resto no lo vi, ni antes ni después. Un poco no me dejaron, un poco no me dejé. Mucha gente, como simpre en la diaria, mucha risita resonando por doquier. Entonces dije kimi, ya en frente desde siempre, vamo a ver a la banda? Como quien tira anzuelo en río de fray bentos. sabiendo todo perdido. entonces el tumulto nos tragó. (vacío).  ellos estaban disfrazados y tocaban con cierta gracia. La bajista, onka, llevaba un vestido ceniciento que no se amoldaba a su expresión seria. Un vestido verde era. Un poco me hizo pensar en los punsetes. El resto de la banda me dijeron también estaba disfrazado. Todos hombres entre los treinta y los cuarenta años. el tema me pareció que estaba bien, pero no soporte mas que un tema.

mi mejor plan 
                                                     
nada de una noche vacía. todas.
caminar, caminar, caminar, caminar, caminar, caminar, caminar, caminar, caminar, caminar, caminar, caminar, caminar, caminar, caminar.  Lo más cerca de la expectativa era ver cómo los de alrededor perdían el control de la situación, parejas que volvian satisfechas, de otra noche de fun fun. el ciclo se volvía  cerrar . esperar a que se instale plácidamente la resaca en el organismo. ese era el mejor plan. 

viernes, 29 de abril de 2011

Hotel Waffle

Lugar: la diaria
Fecha: viernes 22 de abril 2011
bandas: Hotel Paradise, Los Waffles




Escribir es un ejercicio de memoria. En el caso de crónicas como estas, que se cocinan en la pachorra cotidiana, la demora usualmente significa menos detalle del que se había pensado, o mejor dicho: uno simplemente se olvida de todo. Una de las preocupaciones que hemos compartido entre los que hasta ahora mantenemos el blog es precisamente ese, el tiempo que demoramos en escribir y cómo si lo hiciéramos más cerca de las fechas en que los tokes ocurren, más gente se colgaría y diversas conjeturas por el estilo. Pero ahora, mientras escucho Trashmen y lo dedos me vuelan siguiendo el ritmo arrollador, fuerzo a la memoria a que vaya escupiendo hechos. 
Lo primero que aparece fue el bochorno del final. Los Waffles, la banda argenta que cerraba la noche, venía haciendo su cuarta o quinta canción cuando les apagaron los equipos y largaron música de fondo. Perplejos, asombrados y después quemados, los cuatro dejaron el escenario, mientras el batero se agarraba los huevos y se los ofrecía al público. Según dijo el del sonido de la diaria, cortó el toke porque el cantante había roto dos micrófonos. Muy raro. Yo creo que no les gustó que el cantante fuera un gordo zarpado, que agitaba una prominente barriga peluda ante el público, que se movía y bailaba como desquiciado y que cuando empezaron a hacer su versión en spanish de I wanna be your dog, el mencionado cantante se arrodilló frente a una de las chicas de tacos que ocupaban las primeras filas y le encajó la cara en la concha. La chiquilina medio horrorizada, primero se rió y después empezó a recular, mientras el público no se animaba a ponerse a bailar. Es raro eso en la diaria, no hay pogo, no hay baile, nadie se acerca demasiado al escenario. 
La banda pintaba interesante, un batero firme y una minita al bajo, una muñeca ella. 
Las otras dos bandas que tocaban esa noche eran Hotel Paradise y Luz Mala, y ahí nos enteramos que se festejaba el octavo año del sello argentino Rastrillo Records, para el que se ofreció un aplauso. Es el que editó en Argentina a Motosierra y Culpables. 
A Luz Mala llegamos tarde, pero según contó la flaca mientras me mangueaba un tabaco fue que tenían como cuatro guitarras y se entreveraba todo el sonido y no se entendía un carajo. No gustó demasiado. 
A Hotel Paradise sí la vimos. Pero no tengo mucho para decir, en realidad. Sólo que no podía dejar de pensar que parecía una franquicia de Motosierra, con quien comparte bajista y batero. En vez de Markitos, que se agitaba petiso entre el público, está Nico Barcia, ex chico eléctrico, que canta y lleva la guitarra con gracia. Era bastante cómico notar el parecido entre el Wallo y el personaje principal de la peli que se proyectaba en la pared mientras la banda tocaba. Simón del desierto, también de Buñuel. (Nótese el parecido en la foto tomada por la cámara indiscreta de la música). 
El boliche estaba lleno desde que llegamos, mucho moderno, algún reventado cuarentón eléctrico como Andy Adler y Gabriel Barbieri. Ahí está Pedro, me dijo la flaca, pero tardé demasiado en encontrarlo porque es bastante bajito y se me perdió entre la gente rápidamente. 
El principio de la noche fue en realidad en Cinemateca, en la bendita semana del festival, que este año son dos. La única actividad decente para todos los muertos que no nos vamos de esta agonizante ciudad durante la semana turística igual de agonizante. Entonces, uno se sienta ahí, saca la petaquita de ocasión, se ofusca un poco si alguien se sentó justo delante y le imposibilita poner los pies sobre el asiento delantero (en eso, los altos de 18 son los mejores) y se deja atrapar por la pantalla. Se puede vivir la pesadez de de la miseria rusa, descubrir la impresionante industria cinematográfica en la ex- Yugoslavia de Tito, taparse los ojos cuando el yakuza japonés se corta un dedo en señal de lealtad, o bien confirmar todo el alcohol que se beben tanto irlandeses como brasileros. Y si se hace el esfuerzo, se puede encontrar a un austríaco maratonista que también afana bancos sin que le tiemble el pulso y sin disparar un puto tiro.  
En realidad, el último recuerdo está al lado del teclado de la computadora, en dos discos. Rastrillo Records había montado una mesita en la que vendían algunas de sus ediciones y de otros sellos que aca no llegan. Mesas que en tiempos pre internéticos, eran el delirio de nosotros imberbes, que aunque no tuviésemos dinero suficiente, algún disco siempre salía. Esos compilados de punk que traían 20 bandas, 15 de las cuales eran desconocidas y nos traían un poco de aire fresco (ninguna referencia al cuquito Lacalle con esto). Esos que eran los primeros en prestarse y en rayarse. 
El puestito lo regenteaba Pirulo, el capo del sello. Buena onda el chabón, colgado, nos sacó charla y nos aceptó el regateo. Así este blog continúa aumentando su colección de discos (que aparecerán en estos días en la pluma, junto con los del Alabama boy prometidos en unos posts más atrás. No desesperen, que todo nos cuesta un Perú). En este caso, fueron Boneshaker baby de Vince Ray y Horny as hell de los Fuzztones. 
Ahora estimados, antes de culminar nuestro mensaje de este viernes, advertimos a aquellos que no lo hayan notado en la cartelera de la música acerca del duelo surf que esta noche se llevará a cabo en la ciudad: desde aquella esquina de la ciudad vieja, pasando los 30 años de edad, con varios discos editados, los supersónicos se presentan en Lindolfo, como cierre de la proyección de Bobby Holly. En esta otra esquina, los retadores, rejuntados desde distintos pantanos del plata, los nóveles Ultraman, se presentarán a puro garage surf en Decibelios, el antro inevitable.  
Este blog se torció por unos de los tokes, pero eso lo sabrán la próxima semana. Agur!
laV.

domingo, 10 de abril de 2011

Amazing combo

Lugar: Café la diaria                                                                                                                              Lugar: Solitario Juan
Fecha: Miércoles 6 de abril                                                                                           Fecha: Jueves 7 de abril
Bandas: Dead Elvis and his one man grave                                        Bandas: Dead Elvis and his one man grave    The great Munzini & the astonishing Soto´s                                                             Fabulous gogo boy from Alabama



I.
Mi bici se pinchó así que salgo caminando. En la intendencia encuentro a Aliosha. Canutito, whiski y pa abajo por soriano. Desde enfrente - nuestro punto natural de observación-  jugamos a reconocer gente mientras aprovecho las imágenes de afuera. Encontramos a la farándula surf local, un supersónico y un ultraman. Estamos un poco confundidos sobre las bandas que tocan. Yo lo vi en la diaria y él en Montevideo com. Él ya vió al Amazing one man band antes y ambos estamos entusiasmados por verlo ahora. Llega más gente y en la pared de la diaria puede verse proyectado un documental. El afiche en el pizarrón en la vereda advierte algo de “rock” “beatnicks” y “montevideo”. Algunos cruzan a quebrar nuestra pseudo-alienación. Llegan los vaskos. Debo confesar que los hemos engañado. Les hemos hecho creer, invitación tras invitación, que en esta ciudad siempre está sucediendo algo. Pero en realidad, son olas esporádicas. Y cuando suceden, lo más sensato que puede hacerse es seguirlas. Nada va a durar lo suficiente.
¡Namasté! gritan en el escenario. Un guitarrista de cada lado y en el medio el batero parado, sólo con chancha y redoblante. Todos llevan un turbante naranja en la cabeza. Ahí nos enteramos que The great Munzini & the astonishing Soto´s iba a tocar. Empiezan y todos nos animamos. Nos gusta. Bailamos. Miro al batero que toca y baila, mueve los pies, hace gestos, es el elegido de la atención. En la pared se proyectan imágenes de una película. Es un perro andaluz, me dicen.
Adelante bailan pocos, salvo una que tambalea borracha un par de veces, robándose el espectáculo. Finalmente cae en el escenario, tira micrófonos y desconecta conexiones. Es levantada y sigue girando pero no nos olvidemos de ella, como dice Aliosha. 
El demonio rojo se suma, ataviado de turbante también y empieza a hacer magia con las manos. Los ojos fijos, concentrados en las antenas pegadas a esa caja de madera, como si estuvieran llevando a cabo una lucha de control mental ente hombre y máquina. ¡Es un Theremin! me grita el vasko emocionado. Entre la música escucho algo de un inventor ruso del mismo nombre, sobre la URSS y Lenin y sigo bailando.  El amplificador deja de funcionarle al indio más barbudo que la pilotea a puro baile, con el micrófono en una mano y un pollo de plástico en la otra. Todos aplaudimos a la banda cuando termina.  Ahora mientras escribo, pienso que en realidad, son los tres amazings tocando juntos: el local, el holandés y el brasilero, y esa idea me gusta más. 
La música de Odisea del Espacio suena fuerte y desde el fondo aparece Dead Elvis, vestido como tal, con el traje entero blanco y careta. Saluda a los concurrentes de adelante, prueba los instrumentos y arranca. Toca y para. Tiene un mambo con los amplificadores que va enfriando la expectativa inicial. Cambia de cables. Arranca de nuevo. Para y habla. Habla abundante, siempre en inglés, hace preguntas, espera reacciones. No contaba con el decoro y la amargura de los locales, así como tampoco con la distancia que generó la diferencia idiomática, porque la mayoría no entendía un cuerno. Tampoco era tan difícil darse cuenta de lo que quería, una vez que había repetido varias veces U-i-a-a!!. Tan sólo nuestra queridísima vaska, copada con el toke respondió imitándolo (y doy fé que no habla inglés, eh). Elvis emocionado, la invitó a golpear en su tumba cuando ella quisiese. Nuestra tambaleante borracha de más arriba, al terminar el toke o tal vez ocasionando el fin del mismo,  atravesó la puerta del lugar de una patada. Los que estaban afuera remarcaban la imagen imperdible de la susodicha luchando por sacar el pie de entre los vidrios rotos. Un poco de conmoción, la música que demoraba en arrancar  y la noche que se diluyó entre el fin de Dead Elvis, el vidrio roto y la aparición de una patrulla y un milico tomando fotos a la puerta rota.

II.
Jueves. Camino porque todavía no arreglé el pinchazo. Como aún no son las 23 y tampoco quiero llegar primero, voy por 18 bajo una lloviznita de humedad. Una morriña que sorprendió a todo mundo. No hay demasiado en la vuelta, pero voy medio colgada tras matar ese último canutito.
En las maquinitas cerca de la Plaza Libertad, un grupito de pendejitos tapados de mugre y faltos de todo lo demás, rodean una maquinita. En realidad hay uno solo sentado en lo que simula ser un auto de carrera y los otros, más chicos, lo cercan conversando bajo mientras en la pantalla un cartel dice “insert coin”. Algunos artesanos, creo que los últimos reprimidos y desalojados, encontraron  la veta de que en la noche no hay comerciante ortiva que los denuncie ni municipal que zafe de dormirse en su plácido sueño estatal.
En el boliche, me mezclo entre los que están afuera. Encuentro a éste y aquella y compartimos whiskis y tabacos, incluso una mesa. Unos golpes de bombo empujan a la gente a entrar. Pachorra mediante,  me acuerdo que quiero ver al Alabama boy y sacarle alguna foto. Un señor, Alabama. Flaco y más alto aún por su jopo, se reía de tal manera al empezar el tema que había que mirarlo. Su zapato de punta le daba fuerte a algo en el piso, una señal de tránsito convertida en instrumento, adosadas unas chapas o algo por debajo, que hacía las veces de redoblante y plato. Además un charles, bombo y la guitarra, obvio.  Un par de temas y era imposible no pensar en los Cramps y bailar como un zombie punk.
Termina y todos aplaudimos. Mangueo un trago de cerveza, encuentro más conocidos y me cuelgo en la charla. Salimos todos a fumar. Le pido fuego a Dead Elvis y él me pide que llame a las que están conmigo, que no se deciden. Yo me quedo y lo converso. Boludeo, le pregunto algo del toke del día anterior y él responde con problemas de equipos. Me aburro un poco cuando llega la farándula rockabilly local - como el día anterior estaba la surf- Peyo Wild y Chucho Rockadicto se roban a Elvis a fuerza de tatuajes. Aparecen laKim y Rigotti que lamentan no haber visto al go-go boy pero tampoco tanto. Vamos a por otra petaca. Se ubican en un portal enfrente y ahí se quedarán.
Elvis empieza igual que el día anterior. Todos se apuran a entrar. Pachorra mediante me muevo sorprendida por la euforia general. Los concurrentes se apretujan frente al escenario. Habiendo entrado tarde y teniendo que trabajar para este blog, tuve que valerme de mi altura y mis codos más arriba de lo normal para superar cuerpos como estacas y caras de orto a mi paso.
Adelante el calor y el ahogo abundaban, mientras Dead Elvis se llenaba de cerveza, también cagado de calor. Aguanté un rato, pero al notar que la multitud aflojaba aproveché para salir.  Escucho desde la puerta fumando y el toke suena mejor que el del día anterior, por lo menos sin cortes, salvo las tertulias en english que forman parte del espectáculo las vegas gira sudamericana. 
Afuera me sumo a algunas conversas de nuevo. Esta vez se está más a gusto. Sin un puto porro, la borrachera entró cabalgando con el whisky. Me entero en la charla de la existencia de más one man bands y otras brasileras como Os Haxisins y Luizinho e seus dinamites. El tiempo me estafó y cuando quise acordar, el go-go boy y Elvis esperaban un taxi con sus guitarras y amplificadores. Todos se esfumaron. Antes de irse, el brasilero sacó unos discos de su mochila. Nadie los agarró mientras yo reaccionaba y agradecía. Un regalo para la música, pensé. Pero mejor, en el correr de la semana van a aparecer subidos en este blog amigo para no pisarnos los rubros. Ellos se van y yo también. Cuando pego la vuelta por el kallejón me doy cuenta que no tengo la bici porque pinché y que debo caminar porque el pinchazo sigue ahí.